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SE PREPARA TORMENTA

-Aquí hace bastante frío, más que en el océano, ¿no te parece?
-No hace falta que lo jures...

-Y huele bastante mal...
-Claro
-No sé exactamente a qué, pero muy mal.
-Es pescado podrido, merluzo.
-¿Pescado podrido?
-Si
-¿De dónde viene?
-¡De ti!
-¿Estás de coña?
-No, hueles realmente mal, y yo también. Igual que todos estos que están aquí, tiesos.
-¿Tiesos?

-Al menos estamos todos enteros...
-¿Quieres decir que estamos todos muertos?
-¿Me estás tomando el pelo?
-¿Mmm?
-Estamos todos muertos, amigo.

-Maldita sea, algo sospechaba, mucha tranquilidad, todo el mundo callado por aquí...
-Todos menos tú.

-¿A qué estamos esperando?
-A que nos coman.
-¿Eh?
-Maldita sea amigo, cállate...
-¿Explícame eso?
-Olvídalo, a tí te dejarán por bobo...
-No sé por qué tienes que faltarme al respeto continuamente...
-O quizá te coman hoy mismo, con patatas y al horno. Estarás muy rico...
-Sádico...
-Es lo que hay, amigo.
-¿Por qué?
-Porque a ellos les gusta comer pescado en estas fechas.
-¿Quiénes son el…
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EFECTIVAMENTE SEREMOS INMORTALES

Quizá la necesidad de someter al otro sea algo consustancial a la especie humana. Por atroz que pueda parecer, tal vez forma parte de ese conjunto de impulsos primarios que emanan de esa zona del cerebro más ancestral. La que compartimos con cientos de especies, que nos enloquece por hambre o sexo. Puede que sea un mecanismo de supervivencia. El que está arriba, permanece; el otro, muere. 
La ley dice que nadie puede esclavizar a nadie. Pero no hay reglamento que impida esclavizar a algo. Las máquinas, hoy en día, son los nuevos siervos de la humanidad. Y nadie siente remordimientos por esos brazos mecanizados que trabajan de sol a sol en cientos de fábricas. Los vemos como lo que son, amasijos de hierros que cobran vida gracias a la electrónica. Pero la tecnología avanza, eso es indudable. Y llegará el día en que nadie pueda distinguir un robot de un hombre. ‘Inteligencia Artificial’ (Steven Spielberg, 2001) habla precisamente de esto.
¿Qué sucederá entonces? El cerebro humano es…

IT, SOPA CON TROPIEZOS

Cuando un alma inocente teme la oscuridad de la noche por culpa de uno de los personajes más terroríficos creados por Stephen King, resucitado con gran  eficacia en la nueva película de Andrés Muschietti, solo queda matarlo. Pero ¿cómo? La fantasía solo puede combatirse con fantasía.     -¿Cómo podrías acabar con él? Tú no puedes porque es un ente mágico, está fuera de tu alcance- razonó este alma inocente.     -Conozco a alguien que puede hacerlo- respondí.  Mi otro yo, el de la fantasía, el personaje más importante sobre el que he escrito... El viejo de los trece dedos, o lo que queda de él... 
Antes de que su historia continúe, porque aún queda mucho por contar... Este relato es un juego, no más que eso. Lo que llaman un 'Spin off'. Una práctica literaria para comprobar qué ocurriría si en uno de esos universos paralelos, donde todo está permitido, ambos protagonistas se encontraran...
Para leerlo, pincha AQUÍ

13 MESES DE RESISTENCIA

Fueron 13 meses de resistencia en que la población sobrevivió a los bombardeos, el hambre y la represión. Así fue la Guerra Civil en Cantabria (España).

LA VANIDAD DEL LEVIATÁN

En realidad, muy pocos lo conocieron en vida; y si lo hicieron, ninguno pudo contarlo. Narra la leyenda que los barcos nunca lo veían acercarse; pero su presencia se sentía en el oleaje, agitado; en la tonalidad del agua, más oscura; o incluso en el hedor del ambiente, teñido de un azufre ácido que corroía la pituitaria. Su tamaño alimentó decenas de especulaciones. Hay quien confesó haberlo visto emerger en oriente y al mismo tiempo mover un gran tentáculo en poniente, en lugares separados por una milla marina de distancia. Una vez conocidas sus atrocidades, jamás ningún marino volvió a temer al diablo. Solo lo temieron a él, al gran Leviatán. La gran aberración bajo las aguas, el gran dios del mal, quizá Poseidón mutado en bestia. Pero explica la literatura que la fantasía lo legitima todo; y si hay maravillas que germinan del mal, también las hay que lo hacen del bien. 
Un verano de hace siglos, cuando el mundo todavía se estaba haciendo, una pequeña niña griega pergeño su venganz…
¿Ven algo ahí?  Yo tampoco.  Siempre que no hay nada, aparece la Nada.  Y eso es precisamente lo que más temo.

EL CASTILLO DE LIBROS DE BAMBERT

Bambert puso aquellos libros sobre la repisa de la ventana para pertrecharse frente a lo mundano. Con aquella barrera imaginaria fortificó su hogar hasta convertirlo en un castillo protegido por decenas de héroes, animales fantásticos y magos, todos personajes que habitaban esas páginas de aventuras. 
En aquel mundo se sentía mejor, podía viajar en el tiempo y en el espacio sin límite. La realidad le parecía vacua, vulgar, como la misma gente. Aunque de fondo también subyacía el temor de un adolescente de 14 años a enfrentar una realidad que nada tenía que ver con las andanzas de sus personajes literarios favoritos. Él los había ido eligiendo cuidadosamente. Exitosos, seductores, inteligentes y lo suficientemente dichosos como para salvar cualquier dificultad, incluso con todo en contra. Afuera, en la calle, las cosas eran bien distintas. Bambert no se sentía para nada exitoso, seductor o dichoso; aunque quizá sí algo inteligente, al menos lo suficiente como para reconocer la estupid…