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Muere la persona; nace el superhéroe




John Rambo
Resulta obvio que todo espectador de John Rambo sabe perfectamente lo que cabe esperar de un film así, pero no por ello deja de ser decepcionante que no se contemple siquiera la posibilidad de hacer una película no ya buena, sino al menos decente. En la primera secuencia salta a la vista cuál es la mente pensante detrás de las cámaras (el mismo Sylvester Stallone), pero tampoco hay que exigirle mayor destreza que la demostrada sabiendo dejar hacer a un equipo técnico que muy probablemente sea el responsable de que la película pudiera montarse. Quién no tiene perdón es el ilustre señor que escribió el guión, una bazofia vergonzante donde nada se explica, ni justifica. En el que cuatro detalles insulsos y dos voces en off del protagonista pretenden legitimar en la mayor brevedad posible la cruzada en la que decide aventurarse un Rambo cada vez más contradictorio y ciclotímico. Un carácter en el que muere poco a poco la persona, y toma fuerza un engendro más parecido a superhéroe de cómic. Lejos quedó aquel personaje atormentado y aislado, que luchaba por recuperar la vida que tan lejos le había quedado, un héroe descrito con maestría en la primera película de la saga. Quizá fue eso lo que le faltó al responsable del libreto del guión, estudiar un poco la sutileza y buen hacer del compañero que hace más de 20 años escribió Rambo.
José Carlos Rojo Puente

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-Repíteme lo de los Universos paralelos. Todavía no sé si lo he entendido... Él respiró un segundo y allí, en mitad de la playa, buscó el tono más didáctico. Tuvo una idea. Levantó la mano, volviéndola sobre la palma. -¿Recuerdas eso que decían que esta línea te indicaba lo que ibas a vivir? Que esta era la línea de vida de una persona... Ella frunció el cejo, escéptica... -Sí, un cuento... -Vale, un cuento, pero es un ejemplo... Ahora mira el suelo... Imagina que todos esos surcos sobre la arena son vidas diferentes.  Ella obedeció para fijar la atención en la arena. El sol se filtraba por los diminutos canales de agua que comenzaba a conquistar la playa con la subida de la marea.  -Pues imagina que no se trata de vidas diferentes de distintas personas sino de una misma. Que todos esos caminos son posibles caminos que seguiría tu vida... -Ya- Asintió ella. -¿Y hay alguna de mis vidas en la que no te haya conocido? -En serio... Pues habrá algunas en las que no esté yo, otras en las q…

SOLO

Dicen que tanto esmero pone el artista al esculpir su estatua que a veces le nace un alma. Se equivocan. No es la estatua la que cobra vida, es al propio metal al que parece latirle el corazón. 
Al principio no tenía forma humana. Su primer recuerdo, en que comenzó a tomar conciencia de sí mismo, es el de un montón de lingotes de cobre esperando a ser fundidos en el molde de niño. Entonces ya se sentía solo
Pensó que aquella forma humana que lo esperaba al enfriar el metal le despertaría ese alma que a otros les había brotado... Lo convertiría en uno más de ellos, los que viven: que hablan, pasean, ríen, se acarician, se susurran palabras al oído y se besan. 
Fundieron los lingotes de cobre y los dejaron enfriar en el molde del niño. Poco a poco  comenzó a sentir los brazos; luego las piernas, y los dedos de los pies. Notó un tacto en los labios y en la nariz. Era el artesano que limpiaba su cara para despegarla del molde. Así llegó al mundo. Así, se convirtió en un niño de cobre. 

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'Sinestesia'. Samuel recordó la palabra que había aprendido ese día en clase de quinto. La abuela estaba en casa y eso significaba tarta de manzana. Visualizar el episodio, que se producía solo una vez al mes, le activaba la salivación y una emoción que le recorría la espalda con un escalofrío. A Samuel le gustaban los dulces. Demasiado. El médico había advertido a su madre que debía restrigir su dieta si no quería convertirlo en un adulto obeso; pero a él le importaba un comino. En bicicleta corría más que su colega Tomy. Siempre le dejaba atrás.
-¡Vamos! Siempre tengo que esperarte... -gritó con la cara congestionada por el esfuerzo sobre los pedales. Conoció a Tomy seis años antes. En un cumpleaños de su hermano, Jaime, que era tres mayor que él. El pequeño Tomy se encontraba en esa frontera crítica en que no eres lo suficientemente alto como para ir con los mayores, ni lo suficientemente bajo como para ser uno de los pequeños, así que se juntó con Samuel, que vivía en el…