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Un superhéroe no puede ser tan egoísta

Jumper
Al terminar la película da la sensación de que sus responsables han tenido una gran idea, pero no han sabido desarrollarla. La historia de un chico capaz de teletransportarse, la existencia de un grupo de fanáticos que pretenden acabar con estos ‘superdotados’, la chica que se enamora de una mentira, etc; todo ello puede dar mucho de sí. Sin embargo nos encontramos con un film previsible, simplón, pero que por alguna casualidad, quizá relacionada con la hiperactividad audiovisual de su creador (Doug Liman), no resulta aburrido. Al término de la función, el malo (Samuel L. Jackson) queda castigado, pero en perfectas condiciones para retomar la historia en una segunda parte si la cinta es rentable. Puede que en la secuela solventen problemas de creatividad y concepto que aparecen como consecuencia de copiar, a medias, el esquema de historia de superhéroes. Todo superhéroe tiene poderes, como es el caso; también todo personaje de estas características ha de que vérselas con malhechores variopintos, como también sucede en esta ocasión. Pero lo que todo superhéroe tiene, por encima de todo, es un objetivo que cumplir. No se trata de salvar al mundo ni nada parecido, pero el personaje de Hayden Christensen tiene como único fin la salvaguarda de la vida de su novia y la propia. Un superhéroe no puede ser tan egoísta, y ha de usar sus dotes sobrenaturales para bienes comunes. Es la manera en la que se consigue la identificación masiva del público, y la forma de lograr que éste disfrute de forma plena. Lo mejor será tratar de ser original con premisas sólidas, no adaptando fórmulas de modo tan desafortunado; porque si no, más que originalidad, se logra una chapuza.
José Carlos Rojo Puente

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
uoooohhh!!! Samuel!!! me encanta ese hombre :)

debo interpretar por tu comentario, q tu no rescatarias a tu novia?? tendre q ver la peli... para comprobar si te he malinterpretado, cosa q espero ;D

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EL BESO DE HADA

No hay nada capaz de nublar el sentido de un hada joven salvo el beso de un chico. Ellas son reservadas, astutas y rara vez se dejan ver en el bosque; pero al final de la primavera, cuando ya no pueden contener su efervescencia vital, violan todas las reglas establecidas. Esos preceptos  que mantienen el mundo de la fantasía mimetizado en el mundo real, sin que nadie se de cuenta. 
Todo sucede horas antes de que entre el verano, durante el solsticio. Si es un día de calor y la humedad se condensa en bruma, las hadas jóvenes dejan sus escondites en las cortezas de los árboles, en el interior de los arbustos o entre la hojarasca y buscan un chico apuesto antes de que se ponga el sol. Su pulsión es tan irrefrenable como pura, pues solo quieren enamorarse. Pero será un amor fugaz, que consumarán con un beso. No todo el mundo sabe que a un hada le basta un solo beso para ver el interior de un corazón. 
Aquí las hadas jóvenes aprenderán una lección importante, porque tras cegarse por al…

SE PREPARA TORMENTA

-Aquí hace bastante frío, más que en el océano, ¿no te parece?
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-Y huele bastante mal...
-Claro
-No sé exactamente a qué, pero muy mal.
-Es pescado podrido, merluzo.
-¿Pescado podrido?
-Si
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-¡De ti!
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-¿Quieres decir que estamos todos muertos?
-¿Me estás tomando el pelo?
-¿Mmm?
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-Maldita sea, algo sospechaba, mucha tranquilidad, todo el mundo callado por aquí...
-Todos menos tú.

-¿A qué estamos esperando?
-A que nos coman.
-¿Eh?
-Maldita sea amigo, cállate...
-¿Explícame eso?
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-No sé por qué tienes que faltarme al respeto continuamente...
-O quizá te coman hoy mismo, con patatas y al horno. Estarás muy rico...
-Sádico...
-Es lo que hay, amigo.
-¿Por qué?
-Porque a ellos les gusta comer pescado en estas fechas.
-¿Quiénes son el…

SOLO

Dicen que tanto esmero pone el artista al esculpir su estatua que a veces le nace un alma. Se equivocan. No es la estatua la que cobra vida, es al propio metal al que parece latirle el corazón. 
Al principio no tenía forma humana. Su primer recuerdo, en que comenzó a tomar conciencia de sí mismo, es el de un montón de lingotes de cobre esperando a ser fundidos en el molde de niño. Entonces ya se sentía solo
Pensó que aquella forma humana que lo esperaba al enfriar el metal le despertaría ese alma que a otros les había brotado... Lo convertiría en uno más de ellos, los que viven: que hablan, pasean, ríen, se acarician, se susurran palabras al oído y se besan. 
Fundieron los lingotes de cobre y los dejaron enfriar en el molde del niño. Poco a poco  comenzó a sentir los brazos; luego las piernas, y los dedos de los pies. Notó un tacto en los labios y en la nariz. Era el artesano que limpiaba su cara para despegarla del molde. Así llegó al mundo. Así, se convirtió en un niño de cobre.