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SPIELBERG NO ERA ASÍ


SUPER 8

   De nada sirve el 'revival' de emociones, de estética, de ese espíritu ochentero que recuerdan las retinas cinéfilas si, a fin de cuentas, la historia no es buena. Lo que ocurre con 'Super 8' es lo que viene sucediendo con otros productos marca J.J. Abrams, donde el director trasciende el ámbito que domina, la realización, para tomar también la batuta en la escritura del guión. El fiasco de este trabajo es el mismo que le reprocharon los fans al cierre de la célebre 'Perdidos', que el final nunca estuvo a la altura de la complejidad estructural de la trama. En el periplo al pasado que supone sentarse a ver 'Super 8', el viaje empacha. Solo dos horas le bastan para fundir 'Los Goonies' con 'E.T.', pero sin el espíritu intimista que emanaban aquellas. Abrams peca de grandilocuente. Busca traer a la actualidad este género perdido a través de la magnificencia de los sonidos, los efectos y el tamaño de las explosiones. Olvida que pese a la deriva actual de la mayor parte del cine que se proyecta en las salas, el encanto de aquellas joyas que pretende recrear reside en el minimalismo del tono con el que alcanzaron el corazón del espectador con mucho menos artificio.
Los fuegos artificiales pueden nublar al espectador nostálgico del joven Spielberg, que es ovacionado por Abrams en cada plano, en cada secuencia: desde el sonoro choque de trenes -obsesión confesa del director de 'Jurassic Park' en todas sus biografías-, hasta el irritante reflejo de los focos en el plano, -reducto de la premura con la que el firmante de 'Tiburón' rodaba en sus inicios, y que traía de cabeza a su director de fotografía-. La trama de 'Super 8' se pierde en el desarrollo en frentes que se quedan en el tintero, para dar carpetazo digno solamente a todo el entramado humano en ese abrazo final que despide la nave. Otro calco más a la filmografía del maestro, una nueva pretensión de asemejarse al genio y otra forma más de estropearlo todo, porque en lo tocante a talentos artísticos, las segundas partes nunca fueron buenas. 
José Carlos Rojo
http://www.eldiariomontanes.es/v/20110831/cultura/cine/spielberg-20110831.html

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EL BESO DE HADA

No hay nada capaz de nublar el sentido de un hada joven salvo el beso de un chico. Ellas son reservadas, astutas y rara vez se dejan ver en el bosque; pero al final de la primavera, cuando ya no pueden contener su efervescencia vital, violan todas las reglas establecidas. Esos preceptos  que mantienen el mundo de la fantasía mimetizado en el mundo real, sin que nadie se de cuenta. 
Todo sucede horas antes de que entre el verano, durante el solsticio. Si es un día de calor y la humedad se condensa en bruma, las hadas jóvenes dejan sus escondites en las cortezas de los árboles, en el interior de los arbustos o entre la hojarasca y buscan un chico apuesto antes de que se ponga el sol. Su pulsión es tan irrefrenable como pura, pues solo quieren enamorarse. Pero será un amor fugaz, que consumarán con un beso. No todo el mundo sabe que a un hada le basta un solo beso para ver el interior de un corazón. 
Aquí las hadas jóvenes aprenderán una lección importante, porque tras cegarse por al…

SE PREPARA TORMENTA

-Aquí hace bastante frío, más que en el océano, ¿no te parece?
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-Claro
-No sé exactamente a qué, pero muy mal.
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-¿Pescado podrido?
-Si
-¿De dónde viene?
-¡De ti!
-¿Estás de coña?
-No, hueles realmente mal, y yo también. Igual que todos estos que están aquí, tiesos.
-¿Tiesos?

-Al menos estamos todos enteros...
-¿Quieres decir que estamos todos muertos?
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-Maldita sea, algo sospechaba, mucha tranquilidad, todo el mundo callado por aquí...
-Todos menos tú.

-¿A qué estamos esperando?
-A que nos coman.
-¿Eh?
-Maldita sea amigo, cállate...
-¿Explícame eso?
-Olvídalo, a tí te dejarán por bobo...
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-Sádico...
-Es lo que hay, amigo.
-¿Por qué?
-Porque a ellos les gusta comer pescado en estas fechas.
-¿Quiénes son el…

SOLO

Dicen que tanto esmero pone el artista al esculpir su estatua que a veces le nace un alma. Se equivocan. No es la estatua la que cobra vida, es al propio metal al que parece latirle el corazón. 
Al principio no tenía forma humana. Su primer recuerdo, en que comenzó a tomar conciencia de sí mismo, es el de un montón de lingotes de cobre esperando a ser fundidos en el molde de niño. Entonces ya se sentía solo
Pensó que aquella forma humana que lo esperaba al enfriar el metal le despertaría ese alma que a otros les había brotado... Lo convertiría en uno más de ellos, los que viven: que hablan, pasean, ríen, se acarician, se susurran palabras al oído y se besan. 
Fundieron los lingotes de cobre y los dejaron enfriar en el molde del niño. Poco a poco  comenzó a sentir los brazos; luego las piernas, y los dedos de los pies. Notó un tacto en los labios y en la nariz. Era el artesano que limpiaba su cara para despegarla del molde. Así llegó al mundo. Así, se convirtió en un niño de cobre.