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El doctor rompió el silencio de la consulta más incómoda que había tenido en toda la semana -Un punto, ¿y con eso qué quiere decir? ¿Por qué dibuja un punto?-
-Porque no tengo nada que decir...-
-Y no sería más fácil decirlo... ¿Decir que no tiene nada que decir?-
-Entonces ya habría dicho algo...-
El doctor se reclinó sobre su butaca, que había adaptado la forma del cuero a su asiento. Pero en ese instante ni siquiera su butaca parecía cómoda... Respiró para recuperar la calma y continuó.
   -Tiene el día difícil, ¿no?- Y no hubo respuesta... El doctor se inclinó sobre su paciente y repitió la cuestión, más serio...
   -¿Lo tiene?
   -¿Por qué me fuerza a hablar cuando no hay nada que contar?-, reiteró el paciente con la madurez de un  párvulo. El doctor se acomodó de nuevo sobre la butaca, cerró el cuaderno y volvió a respirar, esta vez más profundo...
   -Bien entonces, como doctor no tengo nada más que hacer con usted hoy... Puede irse.
El paciente levantó una mirada de presa indefensa; de animal abandonado al sacrificio...
   -¿Pero no iba a ayudarme a desentrañar el significado de ese sueño?-
   -Para eso tendría primero que contármelo. Si no quiere hablar, no tenemos nada que hacer.-
   -El sueño sí, de eso sí que puedo hablarle. Nunca sueño y esa imagen que aparece en estas últimas semanas me quita el apetito-.
   -¿Le quita el apetito?
   -He adelgazado 10 kilos-.
   -¿Tanto le preocupa?
   -Creo que no, pero no tengo hambre. En realidad no creo que sea cosa del sueño...-
   -No le entiendo...-
   -Prefiero que sea usted, como profesional, quien decida si es cosa del sueño- El doctor  apartó las gafas y frotó el entrecejo. Volvió a respirar profundo.
   -Bien-, se reincorporó el médico. -Cuénteme... Qué sueña exactamente...-

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LA VANIDAD DEL LEVIATÁN

En realidad, muy pocos lo conocieron en vida; y si lo hicieron, ninguno pudo contarlo. Narra la leyenda que los barcos nunca lo veían acercarse; pero su presencia se sentía en el oleaje, agitado; en la tonalidad del agua, más oscura; o incluso en el hedor del ambiente, teñido de un azufre ácido que corroía la pituitaria. Su tamaño alimentó decenas de especulaciones. Hay quien confesó haberlo visto emerger en oriente y al mismo tiempo mover un gran tentáculo en poniente, en lugares separados por una milla marina de distancia. Una vez conocidas sus atrocidades, jamás ningún marino volvió a temer al diablo. Solo lo temieron a él, al gran Leviatán. La gran aberración bajo las aguas, el gran dios del mal, quizá Poseidón mutado en bestia. Pero explica la literatura que la fantasía lo legitima todo; y si hay maravillas que germinan del mal, también las hay que lo hacen del bien. 
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SE PREPARA TORMENTA

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-¿Tiesos?

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-¿Quieres decir que estamos todos muertos?
-¿Me estás tomando el pelo?
-¿Mmm?
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-Maldita sea, algo sospechaba, mucha tranquilidad, todo el mundo callado por aquí...
-Todos menos tú.

-¿A qué estamos esperando?
-A que nos coman.
-¿Eh?
-Maldita sea amigo, cállate...
-¿Explícame eso?
-Olvídalo, a tí te dejarán por bobo...
-No sé por qué tienes que faltarme al respeto continuamente...
-O quizá te coman hoy mismo, con patatas y al horno. Estarás muy rico...
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