Ir al contenido principal

SAMUEL EL CALZONAZOS

     -O sea, que en este sueño del que habla, básicamente orina fuera del inodoro-, replicó el doctor reclinado sobre su sofá para asomar la mirada por encima de las gafas sobre su paciente tumbado boca arriba en el diván.
    -No me había ocurrido en la vida. Bueno, no sé.. en un sueño quería decir; pero no sé... ¿Tendrá que ver con aquello que hablamos otra vez, con mis complejos? ¿Con esas cosas de que me siento incapaz de controlar mi vida? -insistió el paciente con la mirada perdida en el techo de la habitación-.
     -No sé, no sé. Es extraño... ¿Hemos quedado en que la relación con su mujer va bien...?
     -Muy bien, si, si, si...
   -Ya sabe que no puede mentirme. Si me miente podemos eternizarnos sin encontrar solución... -describió el doctor con la monotonía de quien repite un mantra...-
     -No, no. La relación con mi mujer es estupenda.. 
     -Entonces... El sexo...
     -Es muy bueno. Por las dos partes...
    -¿Por las dos partes?, -cuestionó el doctor sin inmutarse, con esa seriedad que lleva sorna oculta. El paciente elevó la cabeza para encontrarle la mirada, pero permanecía ensimismado en las notas de su cuaderno-. Quiero decir que disfrutamos los dos... -puntualizó desde el diván, devolviendo la cabeza a su posición relajada-.
     -Bien... ¿Y su hijo? ¿Todo bien con él?
     -Va a ir a la universidad. No consume drogas, hace deporte, se ha echado una novia... 
     -Ya, ya -le cortó el doctor- ¿En el trabajo?
   -No hay nada que haya cambiado en todos estos años. Lo realmente extraño es que nada ha cambiado en años. Estoy teniendo la vida que pensaba tener... Por eso... Este sueño. No sé por qué esa incapacidad para mear dentro...
    -Recuerde la imagen con detenimiento... Está frente al inodoro y .... (interrumpido)
    -Estoy frente al inodoro, voy a orinar y cuando lo hago, por mucho que intento atinar, por más que reviso la causa del accidente, soy incapaz de acertar dentro y pongo todo perdido...
    

    -¿Está contento con su vida?
    -¿Eh?
    -¿Lo está?
    -Ya le digo que tengo la vida que esperaba tener...
    -¿La que quería?
Y se hizo el silencio. Los ojos perdidos del paciente dejaron de bailar y se centraron en un punto fijo, esta vez en la lámpara del techo. Empezó a pensar...
    -¿Sigue ahí? -cuestionó de nuevo el doctor...-
    -Si, si, si...
    -¿Está pensando?
    -Si...Si...Si...
   -Pues de tanto pensar ya me está respondiendo -reclamó el doctor, y el paciente se sentó de un respingo en el diván, para encontrarse frente a frente con el terapeuta-.
    -¿Es usted dueño de su vida Samuel? -incidió el doctor...Y Samuel volvió a perder la mirada, esta vez en la alfombra...-
    -A veces pienso qué hubiera sido de mí si no me hubiera casado. Si mi hijo no existiera. Si hubiera aceptado aquella oferta de trabajo en San Francisco. -Elevó la mirada de nuevo- ¿Es normal imaginar qué hubiera sido de la vida de uno si hubiera tomado otras decisiones, no?
    -Puede ser incluso terapéutico; pero puede volverse contra uno también. -El doctor volvió a encontrar la mirada de su paciente, de nuevo por encima de sus gafas-. Dígame, ¿dónde fueron de vacaciones la última vez? 
     -A Roma. 
    -¿A usted le apetecía ir a Roma?
    -Yo había estado ya tres veces. Aún no he estado en Túnez, por ejemplo. 
    -¿Lo barajaron? 
    -No, en vacaciones manda mi mujer. 
    -Ya...


    -¿Dónde vive?
    -En el centro...
    -¿No dijo que le gustaba más el campo?
    -Bueno... En eso también manda...-El paciente empezó a darse cuenta el camino pernicioso al que le estaba conduciendo la conversación...-
    -¿Y si ese sueño no es una incapacidad, sino una frustración? 
    -¿Meo fuera como protesta porque en el fondo soy un calzonazos?
El doctor elevó las cejas y apretó los labios... Samuel odiaba quella forma de asentir, era exasperante...

     

Comentarios

Popular

ELLA PERDIÓ SU MAGIA

Ella aún no lo sabe, pero ha perdido su magia para siempre.     No ha pasado mucho tiempo desde el cataclismo. La catástrofe que envolvió la tierra en fuego hasta terminar con el mundo conocido, el de los hombres y las hadas, para reducirlo todo a la realidad animal.     Ella aún tardará en darse cuenta y por eso insiste en su antiguo hechizo, hipnótico a través de las pupilas de unos ojos que antaño atravesaban el alma y nublaban la razón hasta convertirte en su siervo. Ahora no es más que una serpiente; pero cuidado.     Es un reptil gigantesco, musculoso y recio, capaz de abrazar con la fuerza de un oso, hasta arrancar el último soplo de oxígeno de los pulmones, incluso de la sangre. No es inofensiva, no. Solo perdió su magia... 

LA ENCRUCIJADA DEL ELECTRÓN

–¡Ay Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!–. Cuando el electrón llegó al poste enmarañado de cables, casi le da un pasmo. Semejante cruce de caminos era lo más parecido a una pesadilla.  Habían pasado ya dos milisegundos desde que alguien al otro lado de la ciudad diera clic al ratón. A él se le había encomendado, a esas horas de la mañana, el trabajo de transmitir la voluntad del joven que consultaba páginas de Internet sin mucho criterio: periódicos digitales, chistes virales y algo de pornografía.  –¡Pero qué es esto! –exclamó la partícula atómica. Y es que a la hiperactividad ya propia de un electrón se le unió la ansiedad de no saber dónde ir. Así que la angustia comenzó a succionarle el pecho y sintió cómo comenzaba a bajarle la tensión.  Tras él, otros electrones lo superaban a la velocidad del rayo, colándose a derecha, izquierda; arriba, abajo...De pronto, alguien paró a su lado. 
Era un electrón viejo, bastante cascado, con horas de viaje, lo que para un electrón, acost…

UN HOMBRE, SIN MÁS

Deja de soñar, si es que realmente sueñas. Abre los ojos y despierta, si es que duermes de verdad.
¿O acaso solo finges?

Ningún príncipe besará tus labios, princesa mía. Puede que lo haga un hombre, algún día.
Un verdadero hombre, tal como yo, reina del alma mía.

Pero tú me rechazas y esperas. Ansías la perfección. La de ese príncipe azul, que nunca alcanzarás.
Escucha cuando te digo, aurora de mi alegría, que vives el mundo y no un cuento, muy a tu pesar.
Créeme cuando afirmo, que nunca aparecerá, ese príncipe que ansías, porque no existe, además.
Déjame que te diga, diamante, estrella, rosa, que esta realidad que no vives, la que dejas escapar...
...tampoco entiende de princesas y te tiene por una mujer, sin más.