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UNA LÁGRIMA... IMPOSIBLE


   No le dijo nada, como cada noche al llegar a casa. Alexia preparaba la cena y él la abrazó con una ternura que estremeció los cuerpos.
-¿Por qué haces esto? No tienes que amarme-, advirtió ella.
-No puedo evitar amarte-, replicó él.
Alexia le miró con los ojos húmedos.
-¿Puedes llorar?-, preguntó él.
-No lo sé-, respondió ella, asustada; una chispa saltó de su nariz y su cuerpo se desplomó sobre el suelo.
Alexia era un androide de compañía de última generación. No estaba preparada para una emoción tan humana como el llanto; quizá tampoco para ser amada de verdad.

Ilustración: Gema R. Quintana

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UNA LÁGRIMA... EN LA MADERA

Las manos de Doro son descomunales. Se han adaptado a su oficio igual que se estiran los dedos de un pianista, engrosan los de un albañil o empequeñecen los de un relojero. Sin apenas herramientas, Doro vive empeñado en esculpir la madera a la fuerza. No usa guantes. Si no toca lo que esculpe, dice, es imposible que surja el alma, y sin alma, la madera no cobra vida. El anhelo de Doro por esculpir la ninfa perfecta, después de cuatro años, se ha convertido en una obsesión. 
Comenzó el día de su cuarenta cumpleaños, cuando encontró a su mujer, sin vida, en la hamaca del jardín. Ella se fue sin darse cuenta, con un infarto en mitad del sueño. Aquella tarde de abril llovía y el agua recorría aquel rostro inerte formando surcos que parecían lágrimas. Tal como si la mujer lamentara su propia muerte, consciente del vacío que se abriría en el corazón de su marido. 
En esos cuatro años, Doro había dado vida a 48 estatuas, una por mes. Algunas, las más especiales, las había regalado y la m…

LA VANIDAD DEL LEVIATÁN

En realidad, muy pocos lo conocieron en vida; y si lo hicieron, ninguno pudo contarlo. Narra la leyenda que los barcos nunca lo veían acercarse; pero su presencia se sentía en el oleaje, agitado; en la tonalidad del agua, más oscura; o incluso en el hedor del ambiente, teñido de un azufre ácido que corroía la pituitaria. Su tamaño alimentó decenas de especulaciones. Hay quien confesó haberlo visto emerger en oriente y al mismo tiempo mover un gran tentáculo en poniente, en lugares separados por una milla marina de distancia. Una vez conocidas sus atrocidades, jamás ningún marino volvió a temer al diablo. Solo lo temieron a él, al gran Leviatán. La gran aberración bajo las aguas, el gran dios del mal, quizá Poseidón mutado en bestia. Pero explica la literatura que la fantasía lo legitima todo; y si hay maravillas que germinan del mal, también las hay que lo hacen del bien. 
Un verano de hace siglos, cuando el mundo todavía se estaba haciendo, una pequeña niña griega pergeño su venganz…

SE PREPARA TORMENTA

-Aquí hace bastante frío, más que en el océano, ¿no te parece?
-No hace falta que lo jures...

-Y huele bastante mal...
-Claro
-No sé exactamente a qué, pero muy mal.
-Es pescado podrido, merluzo.
-¿Pescado podrido?
-Si
-¿De dónde viene?
-¡De ti!
-¿Estás de coña?
-No, hueles realmente mal, y yo también. Igual que todos estos que están aquí, tiesos.
-¿Tiesos?

-Al menos estamos todos enteros...
-¿Quieres decir que estamos todos muertos?
-¿Me estás tomando el pelo?
-¿Mmm?
-Estamos todos muertos, amigo.

-Maldita sea, algo sospechaba, mucha tranquilidad, todo el mundo callado por aquí...
-Todos menos tú.

-¿A qué estamos esperando?
-A que nos coman.
-¿Eh?
-Maldita sea amigo, cállate...
-¿Explícame eso?
-Olvídalo, a tí te dejarán por bobo...
-No sé por qué tienes que faltarme al respeto continuamente...
-O quizá te coman hoy mismo, con patatas y al horno. Estarás muy rico...
-Sádico...
-Es lo que hay, amigo.
-¿Por qué?
-Porque a ellos les gusta comer pescado en estas fechas.
-¿Quiénes son el…