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EL DÍA ANTES


   Corocota se apartó del fuego y dejó allí a los jóvenes exaltados, danzantes en torno a un ritual de guerra con cuencos colmados de sangre incandescente de caballo pasando de mano en mano y abrasando los gaznates de aquellos pobres diablos. Para él, ésta no era su primera orgía. 

   Conocía todo lo que venía después de aquella noche. Había visto la batalla de cerca, batiéndose en los montes, los riscos y los prados... Bajo el sol de verano o la nieve del más frío de los inviernos. Allí fuera uno se sentía solo; no había Dios. Ni el mismo Candamo escuchó jamás a nadie en mitad de la lucha y probablemente era su manera de censurar aquellos enfrentamientos inútiles. Porque los hombres de armadura acabarían venciéndolos sin remedio: eran muchos, fabricaban maravillosas armas de matar y habían aprendido a moverse por la montaña.  

   Pese a su edad avanzada, su experiencia, fuerza y coraje, Corocota no pudo evitar el escalofrío aquella noche. Todas esas cavilaciones nublaron su visión y aquellos jóvenes guerreros cántabros se desdibujaron en torno a la hoguera para transformarse en espíritus errantes. Muchos de ellos jamás encontrarían el camino hacia el más allá porque ni siquiera tendrían tiempo de comprender su propia muerte. 

   El maestro de la guerra cerró los ojos por un instante, y en un intento de apartar de su pensamiento todas aquellas imágenes perturbadoras alzó la mirada hacia el cráneo de vaco que coronaba la montaña de paja. Decidió que el animal muerto sería su Dios esta vez. A él le encomendaría la vida de todos aquellos jóvenes que habría de liderar hacia el desastre. Él bendeciría su estrategia, su suerte y su gloria. Él también los esperaría en la caída, paciente anfitrión del otro lado, para guiarlos por el camino allá donde hubieran de ir...

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LA VANIDAD DEL LEVIATÁN

En realidad, muy pocos lo conocieron en vida; y si lo hicieron, ninguno pudo contarlo. Narra la leyenda que los barcos nunca lo veían acercarse; pero su presencia se sentía en el oleaje, agitado; en la tonalidad del agua, más oscura; o incluso en el hedor del ambiente, teñido de un azufre ácido que corroía la pituitaria. Su tamaño alimentó decenas de especulaciones. Hay quien confesó haberlo visto emerger en oriente y al mismo tiempo mover un gran tentáculo en poniente, en lugares separados por una milla marina de distancia. Una vez conocidas sus atrocidades, jamás ningún marino volvió a temer al diablo. Solo lo temieron a él, al gran Leviatán. La gran aberración bajo las aguas, el gran dios del mal, quizá Poseidón mutado en bestia. Pero explica la literatura que la fantasía lo legitima todo; y si hay maravillas que germinan del mal, también las hay que lo hacen del bien. 
Un verano de hace siglos, cuando el mundo todavía se estaba haciendo, una pequeña niña griega pergeñó su venganz…

SE PREPARA TORMENTA

-Aquí hace bastante frío, más que en el océano, ¿no te parece?
-No hace falta que lo jures...

-Y huele bastante mal...
-Claro
-No sé exactamente a qué, pero muy mal.
-Es pescado podrido, merluzo.
-¿Pescado podrido?
-Si
-¿De dónde viene?
-¡De ti!
-¿Estás de coña?
-No, hueles realmente mal, y yo también. Igual que todos estos que están aquí, tiesos.
-¿Tiesos?

-Al menos estamos todos enteros...
-¿Quieres decir que estamos todos muertos?
-¿Me estás tomando el pelo?
-¿Mmm?
-Estamos todos muertos, amigo.

-Maldita sea, algo sospechaba, mucha tranquilidad, todo el mundo callado por aquí...
-Todos menos tú.

-¿A qué estamos esperando?
-A que nos coman.
-¿Eh?
-Maldita sea amigo, cállate...
-¿Explícame eso?
-Olvídalo, a tí te dejarán por bobo...
-No sé por qué tienes que faltarme al respeto continuamente...
-O quizá te coman hoy mismo, con patatas y al horno. Estarás muy rico...
-Sádico...
-Es lo que hay, amigo.
-¿Por qué?
-Porque a ellos les gusta comer pescado en estas fechas.
-¿Quiénes son el…

EL BESO DE HADA

No hay nada capaz de nublar el sentido de un hada joven salvo el beso de un chico. Ellas son reservadas, astutas y rara vez se dejan ver en el bosque; pero al final de la primavera, cuando ya no pueden contener su efervescencia vital, violan todas las reglas establecidas. Esos preceptos  que mantienen el mundo de la fantasía mimetizado en el mundo real, sin que nadie se de cuenta. 
Todo sucede horas antes de que entre el verano, durante el solsticio. Si es un día de calor y la humedad se condensa en bruma, las hadas jóvenes dejan sus escondites en las cortezas de los árboles, en el interior de los arbustos o entre la hojarasca y buscan un chico apuesto antes de que se ponga el sol. Su pulsión es tan irrefrenable como pura, pues solo quieren enamorarse. Pero será un amor fugaz, que consumarán con un beso. No todo el mundo sabe que a un hada le basta un solo beso para ver el interior de un corazón. 
Aquí las hadas jóvenes aprenderán una lección importante, porque tras cegarse por al…